Yolanda Estrada

Pasión por mi familia, mi país, mi ciudad y la política.

La política en general y los partidos políticos en particular nunca se van de vacaciones y menos cuando todos están inmersos en procesos internos como ahora

La política en general y los partidos políticos en particular nunca se van de vacaciones y menos cuando todos están inmersos en procesos internos como ahora

La política ha estado de vacaciones y muchos españoles hemos descansado. O al menos eso pudiera parecer. Estos días navideños, ya lejanos en el tiempo, me han recordado que también se puede vivir sin hablar de política. Un amigo afirmó que se respiraba paz en el ambiente pues no se escuchaba ruido político y eso era de agradecer. Si, amigos. La política, a veces, sólo conlleva estrés, mal rollo, negatividad y toxicidad. Sin duda.

Es cierto que desconectar de los “mensajes políticos enlatados” es sano mentalmente. También comparto que relajar la tensión mediática “guionizada” contra algunos pocos, es bueno. Estoy convencida que es un error “agotar” al ciudadano con informaciones negativas, dantescas, no contrastadas, a veces falsas y en la búsqueda inquietante del cabreo permanente. Todo esto es verdad. Pero, sin embargo, todos formamos parte de una sociedad y como tal estamos sujetos a decisiones políticas. Quizás todas esas que no se publicitan y hacen que vivamos mejor o peor. Pero, qué duda cabe, que son importantes en nuestra vida. La política, nos guste o no, forma parte de nuestra vida.

No nos equivoquemos. La política nunca está de vacaciones. Lo están las personas, cargos públicos, de confianza, periodistas, tertulianos, directivos, funcionarios… Pero la política sigue. Y los ciudadanos, también. Porque nuestra vida está condicionada por decisiones políticas. 24 horas. 365/366 días al año. No nos engañemos. La política está en nuestra vida. Otra cosa es que estemos hartos de las personas que ocupan puestos políticos. Pera hasta en eso hemos de ser justos. Porque no todos los políticos son igual de malos. Ni igual de buenos. Y no todos hacen política, aunque vivan de la política. Y ahí es donde debemos mejorar todos, sin duda.

Hacer política es tomar decisiones. Tener un proyecto, defender tus principios. Valores. Proponer ideas para mejorar la vida de las personas o la convivencia. O al menos esto es lo que yo pienso.

Cuando el objetivo no somos las personas. Se convierte en otras cosas. Los personalismos. Los sectarismos. Las líneas rojas. Los vetos. La limitación de nuestros derechos y libertades. Cuando estamos en ese escenario. No podemos hablar de política. Hablaríamos de otras cosas. A veces financiadas desde lo público. Sostenidas económicamente desde lo público. Y esas otras cosas deben ser  reprobadas, denunciadas o, en el mejor de los casos, anuladas por la decisión de la mayoría.

Por todo ello, creo que no debemos caer en tópicos y generalizar en contra de los políticos. Distingamos entre aquellos que se dedican a la política, exclusivamente,  y aquellos que, además,  hacen política.

Dedicarse a la política. Un fin en sí mismo. Puede parecer deshonroso. Maligno. Interesado. Puede que sí, amigos.  Visto lo visto, es lo que piensan muchas personas. Y razón no les falta cuando miramos a nuestro alrededor.

El cabreo aumenta a medida que comprobamos que “algunos” de este sector “profesional” viven gracias a la política. Haciendo de ella una carrera personal como el gran objetivo de las oportunidades que ha recibido gracias a la política. “estoy aquí y necesito quedarme, al precio que sea”. Normalmente estas personas no suman a su proyecto ni a la sociedad. No aportan ideas. No les importamos los demás. Son ellos, solo ellos y todo para ellos. Y lo peor es que dañan a su proyecto político, a sus compañeros y la regeneración que se necesita en todos los partidos.

Así es. Pero los partidos políticos tienen muchos políticos. Y no todos son así, gracias a Dios. Otros muchos, los más, se dedican a la política como profesión, pero, además, hacen política. Como lo hacemos muchos sin tener ningún puesto remunerado. Porque nos da la gana. En libertad. En defensa de los proyectos que nos ilusionan.

Si, amigos, hay muchos políticos que trabajan y viven de la política, pero además hacen política. Piensan en los demás. Ponen su granito de arena para resolver problemas. Defienden sus principios y valores. Los que yo apoyo defienden la vida, la libertad, la igualdad. El respeto a los demás. Una convivencia en armonía. La transparencia. La regeneración. Defienden todo lo que nos une, frente a lo que nos separa. Proponen. Dialogan. Debaten. Y son políticos. Personas. Con preocupaciones que van más allá de permanecer en su “poltrona”. Son profesionales. Que suman. En política y en la vida.

Yo me siento orgullosa de ellos y por ellos merece la pena seguir defendiendo la política. Y no todos son de mi partido. Admiro la grandeza de otros políticos aunque no comparta sus principios ni su proyecto. Admiro la coherencia. La experiencia. El sentido de Estado. La formación. Pero lo que más admiro, amigos, es la libertad de esos políticos que deciden libremente hacer política, estar en política, no por una necesidad, sino por un sentimiento de servicio a los demás.

Por el contrario, me repugna comprobar que en todos los partidos políticos hay “politcuchos”, llámense cargos públicos o de confianza, cuyo principal objetivo son ellos mismos. Su permanencia. Su sueldo. Esos que buscan el sueldo más alto, sin importarles si es ético o moral disfrutar de este puesto o de aquel otro. Si se lo merecen. Si representan a alguien o si, simplemente están ahí porque se “gana pasta” y les “han colocado”,

Un año más, desde mi Rincón defenderé sin duda la política, a los buenos políticos y los proyectos con los que me siento identificada. Seguiré aportando propuestas y seguiré luchando internamente para que nuestra voz se oiga y nunca se nos intente callar. No comulgaré con todo, ni seré presa del pensamiento único que algunos señalan en otros partidos y “aparentemente” desearían que hubiera en mi partido, el PP. Y os aseguro que seguiré defendiendo la regeneración de esos “cargos tóxicos” que tanto daño hacen a mi partido y a la sociedad.

Desde mi Rincón seguiré defendiendo el proyecto que lidera Mariano Rajoy porque ha defendido siempre la libertad, el respeto a los afiliados y la autonomía de las diferentes organizaciones territoriales. Y, muy importante, jamás ha expulsado a nadie ni se ha propuesto expulsar a nadie por tener una opinión diferente. Gran diferencia entre los liberales de verdad y los que usan una etiqueta “naranja” para captar votos.

PSOE, Ciudadanos y Podemos están inmersos en procesos internos, también el PP, y están dando más de un titular en los medios de comunicación. Y escribiré sobre todo ello.

Aunque hayamos estado de vacaciones, las cocinas “políticas” han seguido lanzando mensajes. Esta vez, sin enlatar. Cuidado.  Esos son los más importantes.

Gracias.

 

Yolanda Estrada

Yolanda Estrada Madrid

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